Por qué no es inteligente tener un plan C, D, E…

Seguro has leído: «Si el plan ‘A’ no funciona, recuerda que hay más letras en el alfabeto».

Mi primera reacción fue pensar en lo cierto de la afirmación, pero después de un análisis (no muy profundo) de la frase, me di cuenta de lo equivocada que era esa idea, o al menos lo mal que podría ser aplicada.

Desde el momento que nos despertamos ya estamos planificando nuestro día a día inconscientemente, y la realidad es que trazamos planes (no todos) a corto, mediano y largo plazo. La satisfacción o el éxito personal se mide de acuerdo a qué tanto has logrado conseguir llegar a esos objetivos y puede existir frustración al recordar los planes y darte cuenta que no has conseguido ninguno.

¿Por qué sucede esto más seguido de lo que quisiéramos?

Primero que nada porque no tenemos un plan, segundo, porque tenemos otras letras del alfabeto, es decir, justificaciones tontas para cada una de las decisiones que estamos tomando y que nos alejan del plan inicial. Si bien, tener un plan B no es tan malo, empezar a crear planes D, E, F… y los que sean necesarios para justificarnos no resulta nada gratificante y mucho menos es un camino a sentirnos satisfechos.

¿Cómo detenemos esto? (No existe una fórmula pero si una recomendación)

Crea un plan A y aférrate a él y no lo des por perdido hasta que realmente no haya nada que puedas hacer por salvarlo, en ese punto, salta al plan B y haz lo mismo, si llegas a un plan C entonces detente, analiza, y piensa, date un ‘break’ para recordar lo que siempre has querido. Tener muchos planes solo nos hace distraernos de los planes que realmente queremos y que nos harán sentir satisfechos. Una vez que has recordado, retoma el plan A con todo lo aprendido del B, ajústate y ‘GO FOR IT!’ Hazlo todas las veces que sea necesario, pero no cambies tus planes iniciales, esos planes que siempre quisiste hacer, esos planes que son los que en la vida te harán sentir completo.

Disfruta cada día, en estos tiempos el mundo cambia tan rápido que nos hace sentir que hemos perdido la brújula en un dos por tres… para, respira y continúa… quizá esa decisión que tomes, sea en unos años, la mejor decisión de tu vida.

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